“Hemos
ido al infierno”.- Esto es lo que afirma uno de los refugiados que captó Jordi Évole en su documental “Astral”, lo que me parece un buen punto de partida para
comenzar una reflexión personal. Desde
hace tiempo no paramos de escuchar la problemática de los refugiados
procedentes de diversos países del mundo pero nuestro país no parece estar
actuando de manera demasiado eficiente. Para poder comprender esta problemática
bajo mi punto de vista de futura educadora social, quizás debamos hacer un
ejercicio de empatía, intentar entender cómo se pueden sentir esas personas en
su país de origen, que arriesgan su vida y la de sus familiares en busca de una
mejora, en busca de la “tierra prometida”. Aunque seguramente se necesite vivir
una situación así para poder comprenderla bien, pienso que todos deberíamos de
gastar unos minutos de nuestra vida en esto. Una vez que hayamos hecho este
ejercicio, pensemos ahora en cómo se están haciendo las cosas con ellos.
Según
el artículo 14 de los derechos humanos, “En caso de persecución, toda persona
tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.” No es
que Europa no esté cumpliendo este derecho, pues sería una acusación muy grande
para hacerla desde mi modesta opinión, pero lo que sí puedo afirmar es que son
casos contados los refugiados que acogen los distintos países europeos. Aunque
es cierto que de unos países a otros hay una gran diferencia. Así todo solo una
pequeña parte de los refugiados eligen Europa y una parte aún más pequeña,
elige España, lo que nos hace replantearnos la razón de estos datos. Sea como
sea según esto, una persona refugiada
debe ser tratada como si fuese un habitante más del país. ¿Lo están siendo? Me
atrevería a decir que no por muchas razones. Si de verdad tratásemos a estas
personas como una más de nuestro país, estas personas no se tendrían que volver
a su país por falta de recursos, como en muchas ocasiones pasa. Bajo mi punto
de vista, lo que tendría que empezar a hacer Europa es crear una buena política
que ampare esta problemática, pues en el fondo la ley que tenemos es el
problema de toda la comunidad europea. No soy política, ni economista, ni nada
por el estilo, pero quizás con la mitad del rescate bancario que realizamos
podríamos haber invertido en esta problemática que no hacemos más que ignorar.
Porque es importante saber que esto no es un problema nuevo, sino que es un
problema que estamos alargando, al que parece que no nos queremos enfrentar. Las
razones no están claras, pero la cuestión es que no nos enfrentamos.
Es
cierto que el papel que están desarrollando las ONG que están trabajando desde
allí, es inmenso y sin ellas probablemente la problemática sería aún mayor,
pero lo que pienso que hay que mejorar es la coordinación entre este tercer
sector y los gobiernos, para que todo el trabajo sea totalmente eficiente. Muchas
veces esas ONG recogen a personas que están en el mar, pero desgraciadamente no
saben qué va a pasar con ellas después, por lo que es algo que se debería de
aclarar desde un primer momento.
Por
lo que como futura educadora social esto es lo que se debería hacer para afrontar
el problema:
- Crear una política a nivel europeo que ampare a todos los refugiados o al menos solucione todas las muertes de las cuales en el fondo somos responsables.
- Coordinar el trabajo de los gobiernos de cada país con el de las ONG. Crear actuaciones eficientes, que les aseguren una vida digna en el país que lleguen.
- Sensibilizar a la población, eliminar mitos y generar conciencia de la problemática que está ocurriendo. Esto se puede lanzar desde colegios, asociaciones que actúan a pie de calle, ayuntamientos,… Consiguiendo así una mayor integración cuando lleguen a nuestro país y evitar que caigan en la exclusión social.
Estos
tres pasos no son la solución “a todos los males” ni mucho menos, es mi opinión
y son tres pasos que considero como básicos si queremos comenzar a realizar un
trabajo eficiente en materia de personas refugiadas.
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